Cali, epicentro de un diálogo global sobre equidad
Jul 21, 2026
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La economía feminista pone el cuidado en el centro del desarrollo
La 34.ª Conferencia Anual de la Asociación Internacional para la Economía Feminista (IAFFE), celebrada en Cali, reunió a especialistas en torno a un interrogante fundamental: ¿cómo construir modelos financieros que pongan el bienestar colectivo en el centro?
El encuentro, organizado por el Observatorio para la Equidad de las Mujeres (OEM) y la Mesa de Economía Feminista de Bogotá con el apoyo de la Fundación WWB Colombia, la Universidad Icesi, Oxfam Colombia, Open Society Foundations, entre otras organizaciones, partió de una premisa compartida: la economía no es neutral. Las decisiones macroeconómicas impactan la vida cotidiana y, de manera particular, a quienes asumen las tareas de cuidado.
Durante la agenda, investigadoras, académicas y especialistas analizaron temas como autonomía económica, justicia climática, organización del cuidado, inclusión financiera y transformación tecnológica. Para Paulina Sicius, directora gerente de la IAFFE, uno de los principales aprendizajes del encuentro fue comprobar que las mejores respuestas a los desafíos actuales surgen cuando la investigación dialoga con las realidades de las comunidades.
Pagar a tiempo no basta.
Uno de los debates se centró en las barreras que enfrentan las mujeres para acceder al sistema financiero.
En el panel “¿Riesgo financiero o sesgo de género? Una lectura crítica de la evaluación crediticia en Colombia: el caso Finanzas sin etiquetas”, la Fundación WWB Colombia presentó evidencia sobre cómo los sesgos de género siguen presentes en los procesos de evaluación crediticia.
Los resultados muestran una paradoja: aunque las mujeres registran mejores comportamientos de pago, todavía encuentran más obstáculos para acceder al crédito.
Para Soraya Husain, directora de Investigación de la Fundación WWB Colombia, el acceso a servicios financieros va mucho más allá de un producto bancario: “La inclusión financiera no es un fin en sí mismo; es una condición para fortalecer la autonomía económica de las mujeres”.
Desde esa perspectiva, el panel planteó la necesidad de revisar los modelos de evaluación del riesgo y fortalecer la formación de quienes toman decisiones dentro de las entidades financieras para reducir los sesgos de género.
Reconocer a quienes cuidan, es el primer paso
La organización social del cuidado también ocupó un lugar central en la conferencia.
En el panel “Más allá de la técnica: la dimensión afectiva y moral como límite y oportunidad para las políticas de cuidado en Cali”, la Fundación WWB Colombia propuso ampliar la forma en que se diseñan las políticas públicas.
La investigación plantea que estas estrategias no pueden responder únicamente a criterios técnicos. También necesitan reconocer el papel de las emociones, la cultura y las relaciones comunitarias que sostienen y permean las labores de cuidado.
Esta mirada busca fortalecer políticas más cercanas a las experiencias de quienes cuidan todos los días.
Un trabajo esencial que aún limita el emprendimiento
Emprender no depende únicamente del acceso a recursos o del esfuerzo individual. Para miles de mujeres, el tiempo destinado al cuidado también determina cuánto puede crecer un negocio.
Esa realidad quedó reflejada en la investigación “Micronegocios, trabajo de cuidado y pobreza: una mirada estructural a la desigualdad económica”, desarrollada por la Fundación WWB Colombia en alianza con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).
El análisis evidencia que la carga desproporcionada del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado reduce las posibilidades de fortalecer un emprendimiento, acceder a nuevas oportunidades y mejorar los ingresos. En consecuencia, las brechas económicas tienden a mantenerse.
El cuidado en América del Sur: de labor invisible a derecho estatal
Las discusiones de la IAFFE no se quedaron en el diagnóstico. Brasil, Uruguay y Colombia compartieron experiencias que muestran cómo el cuidado de la niñez, la vejez y la población con discapacidad comienza a asumirse como una responsabilidad del Estado y no únicamente de las mujeres:
- Belo Horizonte, en Brasil, fue la primera ciudad del país en aprobar una política municipal que reconoce el cuidado como un derecho. La decisión respondió a una realidad contundente: el 64 % de las mujeres sin empleo formal atribuye su situación a las cargas domésticas. Para Leandra Costa, asesora municipal, el cambio comenzó por reconocer el valor de un trabajo históricamente invisibilizado. “El primer pilar ha sido reconocer el cuidado como un trabajo, porque es todo lo que sostiene nuestra vida. Reconocer es nombrarlo”, afirmó.
- Canelones, en Uruguay, apuesta por un sistema integral de cuidados remunerados que busca redistribuir el tiempo destinado a estas tareas. Con la creación de 100 centros para la primera infancia, la cobertura para niñas y niños entre los 0 y 3 años alcanzó un carácter universal. Gabriela Garrido, directora de Desarrollo Humano, explicó que el objetivo es “desfamiliarizar la política de cuidado para que las mujeres tengan más oportunidades” y consolidar un sistema integral, “no políticas fragmentadas”.
- Cali, en Colombia, fortalece su Sistema Distrital de Cuidados Cuidarte, que cuenta con diez espacios urbanos y rurales donde las personas cuidadoras acceden a tiempo de descanso, formación y acompañamiento para fortalecer sus emprendimientos. La estrategia ya beneficia a más de 6.400 personas. Natalia Oviedo, subsecretaria de Equidad de Género, resumió el propósito de la iniciativa: “Cuidamos a quienes ellas cuidan, para que algún día el cuidado no sea igual a mujer, sino igual a seres humanos”.
Las experiencias compartidas coincidieron en que las políticas públicas necesitan evidencia para generar transformaciones sostenibles. En ese sentido, Soraya Husain, directora de Investigación de la Fundación WWB Colombia, insistió en que “para poder generar incidencia en política pública se necesitan datos con enfoque de género y que incluyan las voces de las mujeres”.
La conversación dejó un desafío compartido: garantizar que estas iniciativas trasciendan los cambios de gobierno y se consoliden como políticas de Estado. Solo así el cuidado podrá dejar de ser una responsabilidad que recae casi exclusivamente sobre las mujeres para convertirse en un derecho compartido por toda la sociedad.